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Inauguro una nueva categoría o sección: "Reflexiones". Aquí tendrán cabida opiniones (generalmente de otros) que nos sirvan para reflexionar sobre el trabajo que hacemos en las aulas.
Me he tropezado casualmente con unas palabras de Sebastià Serrano que me han hecho pensar. En realidad, todo lo que dice o escribe Sebastià Serrano se presta a la reflexión y al debate. Este lingüísta me sorprendió hace muchos años con un libro titulado Signes, llengua i cultura y, desde entonces, me ha interesado mucho todo lo que escribe. Por cierto, el otro día estaba hojeando este libro y leí algo que me llamó mucho la atención. El capítulo I empieza de la siguiente manera (cito la edición de Anagrama, en castellano):
"Hoy, cuando el sol revestía todas las cosas y hacía que el contacto con una piedra te quemase los dedos, en la hora en que toda vida tiembla frente al sol, nos ha llegado la noticia del acuerdo en torno al Estatut d'autonomia. [...] Dicen que la discusión del Estatut ha sido especialmente áspera, dura y difícil en materia, sobre todo, de lengua y cultura. El tema de la lengua y de la cultura preocupa. Y todos somos sensibles a él. En cualquier caso, nosotros somos lo que somos gracias a nuestra lengua y nuestra cultura. Es nuestro centro de gravedad".
Parecen unas palabras llenas de actualidad. Y lo son, pero están redactadas ¡hace veinticinco años! Se refieren a la discusión que hubo cuando se redactó el estatuto hoy vigente (creo que es de 1979, aunque las fechas no son lo mío).
¡En fin!, vuelvo otra vez al tema que me ha hecho escribir este artículo. Son unas palabras de Sebastià Serrano reproducidas en el diario La Vanguardia, del 16 de julio de 2003:
"Invertimos demasiado tiempo en tratar de hacernos los interesantes y muy poco en interesarnos por los demás y por lo que nos dicen. Escuchar no es tan fácil cuando toda la vida te han hecho creer que lo importante era hablar más y más alto que los demás.
Me preocupan mucho menos las etiquetas que sentirme útil. Hace 30 años que estudio la comunicación en sistemas complejos, desde una célula hasta una pareja o una nación. Y tienen los mismos problemas. Son sistemas de información en los que un acto comunicativo fallido, a veces minúsculo, desencadena graves errores. En la célula, un tumor empieza precisamente con un error de comunicación en la replicación. En la pareja, los divorcios no comienzan con los grandes desplantes sino con pequeños defectos al comunicar o no comunicar algo y el funcionamiento de una nación también depende de una épica que contiene signos de identidad y códigos que, a veces, fallan.
Esos errores sutiles en la comunicación, a veces inapreciables, son el secreto del sistema que buscamos. A causa del efecto multiplicador del caos determinista, o lo que usted conocerá como efecto mariposa, conducen a turbulencias graves, a divorcios terribles o a guerras civiles o a hacer desgraciada la vida de mucha gente que ignora el detalle. Observo que ahora la sociedad de la opulencia informativa crea angustia y miedo en las personas precisamente por el exceso de estímulo mediático al que parece que debemos someternos por una especie de falsa obligación de estar enterados. Es un efecto paradójico: a más información, más incertidumbre.
Más tacto, más contacto y menos comunicación a distancia. Menos tele, menos "media", más amigos junto a ti, más afecto y más demostrado, más cercanía... Aproxime usted a las personas. Más caricias y menos pastillas. Empiecen por escuchar y cuando hablen cuiden tanto el contenido de lo que dicen como la forma y que sean asertivos, nada de irse por las ramas. Que cuando piensen algo, lo digan sin rodeos."
No voy a decir nada, salvo que la comunicación me sigue pareciendo un milagro al alcance de muy pocos. Hay mucha palabrería y mucho charlatán, pero poco comunicador. También hay muy poca gente que sepa escuchar. La mayoría de los fracasos (escolares, personales, sentimentales...) tienen su origen en una falta de comunicación.
Creo que voy a poner un día este texto en clase, para saber qué opináis de todos estos temas.
Mientras tanto, leed con atención las palabras de Sebastià Serrano.
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